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Crónica del XIX encuentro de Nuevos Evangelizadores

20/02/2016

El sábado 30 de enero nos reunimos como de costumbre en el Gremio de Panaderos para un nuevo encuentro de formación entorno a la educación. Intervinieron el P. Tomás Minguet y el P. Guillermo Ferrís.

Comenzamos la jornada con el rezo de Laudes, de 9’00h a 9’30h, en la Iglesia del Temple, en que se lee un fragmento de la Gaudium et spes (núms. 18 y 22, el que marca el Oficio de Lecturas):

“Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, adoctrinada por la divina revelación, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz que sobrepasa las fronteras de la mísera vida terrestre. (…) en Cristo y por Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que, fuera de su Evangelio, nos aplasta. Cristo resucitó, venciendo a la muerte con su muerte, y nos dio la vida, de modo que, siendo hijos de Dios en el Hijo, podamos clamar en el Espíritu: ¡Padre!”

Al concluir la oración, nos trasladamos al Gremio de panaderos. La afluencia es de unas 40 personas.

 

La primera ponencia corre a cuenta del P. Tomás Minguet, y lleva por título “Antropología Calasancia: El lugar del hombre en el cosmos”. Es un tema que está tratando en la elaboración de su tesis doctoral.

Somos creaturas que debemos reverencia a Dios

Para comenzar su disertación, el P. Minguet recurre a 2 textos, uno de la Sagrada Escritura (Gn 1) y otro del Reglamento para el colegio de Florencia, escrito por Nuestro Santo Padre en 1630. El texto bíblico evoca el orden derivado del acto creador de Dios, y la correcta ubicación del hombre en el conjunto de los seres creados, hecho a imagen y semejanza divinas. El fragmento calasancio establece un analogado entre el orden que debe existir en un colegio, y el orden que existe en el ejército celestial, entre la multitud de los ángeles. Si bien es cierto el aforismo “Donde hay multitud, allí hay confusión”, en el cielo existe armonía entre la innumerable cantidad y variedad de ángeles, porque hay un orden. Así, en la clase, y en el colegio, debe haber un orden, un reglamento, unas normas establecidas, un principio de autoridad, ya que sin claridad, se pasa de un extremo (laxismo) a otro (rigorismo) con facilidad, lo que contribuye a desorientar - desubicar al niño.

El P. Tomás toma como referencia a Calasanz, un santo que no inventa nada en lo relativo a las cosas importantes: quién soy yo, qué hago aquí, de qué se trata en la existencia, con qué personas cuento… Calasanz tiene integrada la verdad de que la vida comienza no cuando nacemos ni termina cuando morimos, y sabe de qué se trata entre la cuna y la tumba, en base a una serie de coordenadas. La primera y fundamental: Dios es Dios y tú no eres Dios. Citando textos del Santo, aparece un horizonte: el Juicio Final. Existe un juicio, y en función de él puedo orientar mi vida, pues mis actos los sopesa Dios mismo. Citando ‘El gran teatro del mundo’ de Calderón de la Barca, el ponente indica que, al contrario que en la actualidad, en la época de Calasanz se tenía clara conciencia de que cada uno, con sus diferentes dones y roles otorgados por Dios, se marcharía del mundo desnudo, igual que entró en él, y sería sometido al examen del ejercicio de sus responsabilidades. El leit motiv repetido en la obra del genial dramaturgo español, “obra bien que Dios es Dios”, es indicativo de ello. Y si Dios es Dios, entonces se puede tener clara conciencia de que el otro es mi prójimo, y actuar como tal. Para Calasanz la historia es entendida como peregrinación (con un principio y un fin, ya que nuestra patria es el Paraíso), como servicio (a ejemplo del Señor, que no vino a ser servido, sino a servir), como combate (pues la vida del hombre es una milicia en la Tierra, en lucha contra el demonio, el mundo y la carne). La tercera coordenada es referida a quiénes están contigo, los agentes de la historia: Dios, la Virgen María, los ángeles y los demonios, los santos, los demás hombres, la Creación entera. Somos creatura entre las creaturas. Dios es creador providente y yo estoy religado a Él. Esto pide realismo en la relación con Dios, a quien debo reverencia (el P. Tomás cita el Cántico de las creaturas de san Francisco como ejemplo). La debida reverencia al misterio de la sublimidad de Dios me ayuda a ubicarme frente a la Encarnación; sin esta reverencia, el valor de todo lo que Dios hace queda desdibujado. El hombre es una criatura ante las criaturas: ¿en qué es igual? ¿qué le hace diferente? Sin duda que somos hechos a imagen y semejanza divinas. Los medievales definían al hombre como síntesis de la Creación y límite de los mundos (en el horizonte entre el cielo y la tierra). Así, el hombre comparte, con los ángeles, la RAZÓN; con los animales, las POTENCIAS SENSITIVAS; con los vegetales, las POTENCIAS NATURALES; con los seres inanimados, que tiene un CUERPO.

Porque somos imagen de Dios conviene mirar a Cristo en el Evangelio, qué reacciones, sentimientos, palabras … le caracterizan como hombre. El P. Minguet recomienda a tal efecto el ‘Tratado sobre las pasiones humanas’, de Santo Tomás.

¿Qué finalidad tiene el ser humano? Lo dice san Ignacio de Loyola en su ‘Principio y fundamento’: el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Nuestro Señor, y conseguir así salvar su alma. De los actos del hombre, límite entre el mundo celeste y el terrestre, dependen su animalización o su angelización. Según el Catecismo Romano, las pasiones deben servir a la razón y a la voluntad, y éstas a Dios.

Para concluir, el ponente cita al cardenal Newman, quien en 1856 afirmaba que no hay caminos cortos para alcanzar la perfección, pero sí seguros.

 

Tras la pausa habitual de 20 minutos, con un pequeño refrigerio, tiene su intervención el segundo ponente de la mañana, el P. Guillermo Ferrís, que continúa su reflexión del anterior encuentro sobre la encíclica Laudato si y la educación, con la charla titulada “Laudato si’: grandes temas pedagógicos de la encíclica”.

Educar es ayudar al niño a salir de sí mismo, para entrar en relación con la realidad

En un primer momento, el P. Ferrís hace un pequeño resumen de su intervención anterior, en base a la lectura y comentario del n. 240 de dicha encíclica:

240. Las Personas divinas son relaciones subsistentes, y el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones. Las criaturas tienden hacia Dios, y a su vez es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa, de tal modo que en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente.171 Esto no sólo nos invita a admirar las múltiples conexiones que existen entre las criaturas, sino que nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización. Porque la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas. Así asume en su propia existencia ese dinamismo trinitario que Dios ha impreso en ella desde su creación. Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad.

El Papa insiste en la encíclica en la necesidad e reconocernos como parte de la Creación, con una dignidad especial y por tanto con una responsabilidad.

El pecado se presenta como una ruptura con el plan de Dios, que lleva al hombre a considerarse como individuo (desubicación); la Creación deja de verse como recibida, sino que pasa a ser algo a conquistar para mí; perdiéndose de vista la realidad de las cosas. El hombre pasa a verse como dominador absoluto de la Tierra, incapaz de poner límite a sus intereses y apetitos, aplicando la lógica del usar y tirar, la lógica del descarte.

Las consecuencias del pecado son una única crisis, que tiene dos vertientes: la ECOLÓGICA y la SOCIAL. Frente a ella, el paradigma tecnocrático ofrece engañosas soluciones técnicas. Pero el gran problema del hombre es no ver el conjunto, estar encerrado en su propio mundo. La crisis puede abordarse de tres formas insatisfactorias:

- con un comportamiento evasivo

- culpando de todo al comportamiento de la población

- o con una solución desde la tecnología y el mercado

Frente a los que acusan al documento de enfatizar lo negativo, el P. Guillermo recuerda que son muchos más los números que proponen soluciones esperanzadoras al problema que los que hacen un diagnóstico severo. El Papa propone como solución, en todo el capítulo IV, una ECOLOGÍA INTEGRAL. Y anima a no tirar la toalla: la injusticia no es invencible, el mismo Dios que creó de la nada puede ahora obrar un nuevo orden, si el hombre se sitúa frente a Él correctamente. Debemos reparar los daños causados, urgen acuerdos internacionales.

Las ciencias son “miopes”, su especialización las lleva a absolutizar sus resultados. La religión también debe ser escuchada, en lo referente al sentido y finalidad de las cosas.

Es necesario cambiar modelos y estilos de vida. La política no debe someterse a la economía, y ésta no debe someterse al eficientismo tecnocrático. Debe respetarse los ritmos de la naturaleza, procurando un desarrollo sostenible; si es preciso esto conllevará una desaceleración de un determinado ritmo de producción y de consumo, favoreciendo un nuevo tipo de progreso y desarrollo, más sano, humano, social, integral: volver atrás antes de que sea tarde. Recoger los avances positivos y sostenibles, recuperar los valores tradicionales, el sentido y fin último de nuestra vida.

En este sentido, en la escuela tiende a reproducirse lo que se vive en la sociedad. El capítulo VI de la encíclica habla de espiritualidad y educación ecológica. La escuela debe ayudar al niño a reconocer el propio valor de las criaturas. La autorreferencialidad, fruto del pecado original, pero también de su subdesarrollo de su ser persona, debe dar paso a un hombre nuevo, consciente de su ser persona, capaz de salir de sí mismo, con la actitud básica de la auto-trascendencia, como dice el Papa:

208. Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro. Sin ella no se reconoce a las demás criaturas en su propio valor, no interesa cuidar algo para los demás, no hay capacidad de ponerse límites para evitar el sufrimiento o el deterioro de lo que nos rodea. La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, 146 Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 66: AAS 101 (2009), 699. 147 Id., Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, 11: AAS 102 (2010), 48. 148 Carta de la Tierra, La Haya (29 junio 2000). 159 es la raíz que hace posible todo cuidado de los demás y del medio ambiente, y que hace brotar la reacción moral de considerar el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal fuera de uno mismo. Cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad.

Como ya advertía Benedicto XVI, estamos en un momento de emergencia educativa, que Francisco llama ‘desafío educativo’. De una educación ambiental formal, moralista, debe pasarse a una educación que provoque cambios en actitudes interiores, proponiendo fines ulteriores a la conciencia. Se debe educar para una austeridad responsable. El Papa llega a hablar de la necesidad de una conversión ecológica (en la línea de la Doctrina Social de la Iglesia), que implica gratitud y gratuidad; conciencia de estar conectado con las demás criaturas, en una comunión universal. La educación debe hacer crecer las capacidades particulares que Dios ha dado al hombre, y ayudar a acercarse al orden con que Dios ha hecho que todo tenga su consistencia. Debemos educar a los niños en una feliz SOBRIEDAD y en una sana HUMILDAD que no pueden darse si excluimos a Dios de la educación. Por último, teniendo como referencia a Jesucristo, la educación debe llevar a vivir como Él, presentes a cada ser humano y a cada criatura.

Ciencia, conciencia, comunión, curación, canto

Como viene siendo habitual en nuestros encuentros, tomó la palabra para concluir el acto el P. Gonzalo Carbó, que en una intervención breve resumió el espíritu de todo lo dicho en las dos ponencias del día, en torno a cinco palabras: ciencia, conciencia, comunión, curación, canto. Comenzaba con la frase de san León Magno: “Reconoce, cristiano, tu dignidad”. Es necesario que la Iglesia se vuelva a los niños. La escuela debe procurar la ciencia, entendida como el conocimiento de las cosas como Dios las conoce. Debe enseñar a escuchar la voz de la propia conciencia personal, que me lleva a un respeto ante lo que conozco. Conciencia que nos lleva a ligarnos a las criaturas; comunión que es curación. Salvar nuestra casa pasa por salvar al hombre, desde la infancia, ya que cada persona es síntesis de la Creación, anillo entre una generación y otra, lugar de encuentro entre Dios y su creación. Casi nadie hoy escucha la voz de su conciencia. Y por último, el canto: la escuela debe enseñar, con la liturgia, a cantar la belleza que está ante Dios y ante cada uno; cantar desde dentro del niño, donde Dios habita. La educación debe abrir caminos de comunión. El educador cristiano debe tener presente que sirviendo a cada niño, sirvo a la Creación entera. Se debe acompañar a los niños en su crecimiento.

Acabamos el encuentro emplazando a los asistentes para el próximo acto, y rezando juntos el Ángelus, para implorar la ayuda de María, Reina de la creación y Reina de los niños.